Historia de Guatemala que pocos conocemos…

Walter Figueroa sabe que si le preguntara a los transeúntes de la zona 1 dónde queda la Cinemateca Universitaria, le responderían con titubeos. La gente le diría que nunca la ha oído mencionar, que no sabe qué es: aunque esté enfrente de ella y de su director.

Figueroa dirige la colección fílmica más grande de Guatemala y Centroamérica. Son cientos y cientos de cajas de latón las que descansan en un frío sótano del Antiguo Paraninfo Universitario, en la 2a. avenida y 12 calle del Centro Histórico, y que se guardan apiladas en espera de que algún día alguien las proyecte. No están a la vista del público.

La Cinemateca cuenta con una colección de más de 5 mil rollos de película, tanto de documentales como de ficción, realizados por guatemaltecos o en el país, así como producciones extranjeras.

Mil 500 de estos archivos son considerados patrimonio nacional. Contienen las grabaciones de la Presidencia de la República desde 1927 hasta 1954: las giras de los mandatarios, los actos oficiales, las inauguraciones y las coronaciones de Vírgenes.

Es una reliquia explosiva. Se trata de cintas fabricadas en nitrato de celuloide, una mezcla de nitrato de plata y gelatina de cascos de res que utilizó el cine en la primera mitad del siglo pasado, y que resulta altamente inflamable al sobrepasar los 40 grados centígrados.

El frío y la humedad del sótano le proveen a la cinemateca la certeza de que no alcanzará esas temperaturas, pero la someten a un riesgo no menos malo: el síndrome del vinagre, una descomposición gradual de la cinta que termina por borrar irreparablemente las imágenes.

El reto

En la entrada del sótano de la Cinemateca, sobre una antigua mesa, reposa una cinta de 1945 en la que se documentó la visita del Presidente de Chile a Guatemala. La devoró la humedad y sus imágenes se perdieron para siempre.

Fue esa pérdida la que motivó a Walter y a su único colaborador, Marco Antonio Alonso, a dejar por un lado los modestos proyectos de la Cinemateca, como la proyección de cine para ciegos (tiflocine) y los cines foro, para dedicarse a lo urgente; es decir, a la recuperación de al menos una parte de estos explosivos rollos.

El costo de trasladar los filmes de nitrato de celuloide a poliéster (una cinta segura) es demasiado alto. Cada pie cuesta US$5 y cada rollo tiene hasta 600 pies. Esa multiplicación equivale a una cifra millonaria con la que jamás contaría la Cinemateca, que depende de los Q130 mil que le asigna al año la Universidad de San Carlos.

Pero Walter y Marco Antonio son dos tipos entusiastas, encariñados hasta los huesos con esas cintas avinagradas, y no quisieron cruzarse de brazos. Ambos trabajaron durante varios meses, en extenuantes jornadas, para rescatar las más vulnerables.

Así nació el proyecto de la cinta Guatemala de Antaño. Se trata de la recuperación de 29 rollos de nitrato de celuloide de los años treinta a cincuenta y que sumaron diez horas de película.

Las normas internacionales cinematográficas prohíben proyectar las cintas de este delicado material; sólo permiten convertirlas a poliéster a través de alta tecnología que no se tiene en Guatemala.

Walter y su colaborador tenían que obviar esta restricción si querían hacer el trabajo. Durante un mes proyectaron las cintas en una pared blanca del sótano y las grabaron con una cámara de video portátil que envió las imágenes a una computadora. “Fue un parto sin anestesia”, lo describen.

Las diez horas de grabación se redujeron a una hora y media y fueron estrenadas en el Gran Teatro Nacional en junio pasado. Fue todo un acontecimiento. Más de 2 mil personas se quedaron sin poder ingresar. El tráfico colapsó las zonas 1 y 4. Y las emotivas imágenes de un país que los guatemaltecos ya no recordaban o que jamás habían visto despertaron los aplausos, las risas y el llanto del emocionado público.

“Tenemos en las manos el poder de redescubrir nuestra propia historia. Por eso creo en la importancia de preservar y dar a conocer estas cintas”, dice Walter. El director ha tenido una agenda muy ocupada en estos últimos días. Guatemala de Antaño se presentará por segunda ocasión el viernes 16 de noviembre en la Ermita de la Santa Cruz, Antigua Guatemala. Estarán 65 músicos en escena y otra vez la entrada será gratuita.

La Cinemateca tiene escaso personal y presupuesto. Tiene sólo dos empleados, pero requiere de un historiador, un archivista y al menos cuatro personas que trabajen en la limpieza y clasificación de las cintas.

Pero Walter está convencido de que es con amor que sobrevive y trasciende este archivo. “De nada sirve quejarse. Hay que actuar”, dice. Una pequeña mesa en el sótano es el laboratorio. Ahí se reparan poco a poco los rollos más dañados, con cintas adhesivas y carretes donados. Es un trabajo empírico y artesanal, pero funciona.

Actividades como Guatemala de Antaño le recuerdan a Walter que vale la pena el esfuerzo. Y que la carrera contra el tiempo –que si no carcome, quema– es posible.

Fuente:

www.elperiodico.com.gt  11 de noviembre de 2007
Paola Hurtado /elPeriódico

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